¡Ah, el amor! Ya estamos en medio de febrero donde por supuesto puedes percibir que el amor está en el aire y… claro, se incrementa el riesgo de sufrir ciberataques por el tan asediado San Valentín.

Y si bien muchos CISOs afilan sus espadas, algunos aún estamos sufriendo de la resaca de las fiestas de año nuevo. Otros más, cargan con el arrepentimiento por excederse con los festines que han traído como consecuencia algunos kilos de más, pero creo que la mayoría muy contentos por contar con una nueva oportunidad para que esos propósitos, ahora sí, sean cumplidos a cabalidad.

Si eres el responsable de alguna estrategia de ciberseguridad, seguramente tendrás propósitos que estableciste con el fin de optimizarla y, de paso, intentar hacerte la vida más fácil. Si no estás inmerso en ese mundo, pero eres consciente de su importancia, al menos estarás contemplando emplazar alguna iniciativa al respecto.

¿Hacia dónde dirigir los esfuerzos en este 2020?

Casi como el mismísimo Nostradamus, los analistas predicen catastróficos impactos por ciberataques para este año. Escuchamos a los gurús en la materia y leemos acerca de las tendencias, y muchos apuntan a protegerte de amenazas relacionadas con ciberataques cada vez más sofisticados; incluso los que emplean inteligencia artificial, lo cual sin duda se traduce en un importante reto para nuestra “fortaleza medieval”. Por otro lado, las tensiones geopolíticas y los conflictos que lamentablemente hacen resonar trompetas de guerra en Oriente Medio, vuelven más tenso el contexto. Y claro, aunado a ello, la escasez de recursos económicos para justificar inversiones ante la dirección nos ubica en un desolador panorama, ¿cierto?

Y entonces, ¿se puede hacer algo al respecto? ¡Claro que se puede! Es cierto que en este ámbito siempre nos encontramos un paso atrás ante el cibercrimen. Ellos tienen recursos y tiempo y en tu caso no siempre es así; pero puedes “jugar” tus piezas estratégicamente. Esa es la clave.

En este sentido, te recomendamos que retomes ese análisis de riesgos y que valides su vigencia. Responde a las preguntas:
¿Cuál es tu postura de seguridad?
• ¿Quiénes son los actores de amenaza que pueden atentar contra tu organización?
• ¿Cuáles son sus motivaciones y los vectores de ataque que utilizarán?
• ¿Cuáles son tus puntos débiles y qué áreas debes reforzar?
• ¿Tus inversiones en seguridad están alineadas a tu contexto real (industria y ubicación geográfica)?
• ¿Puedes justificar ante la Dirección o Consejo las inversiones en ciberseguridad dada tu postura de riesgo y que ésta se traduzca en pesos?

Si puedes responderlas entonces ya sabes hacia donde dirigir tus esfuerzos. Si no es así, te recomendamos que realices lo más pronto un ejercicio de este tipo.

Así que, manos a la obra, ¡mueve tus piezas! Y que este 2020 sea un ciclo de salud, prosperidad y muchos éxitos y… no está de más: unas cuantas horas adicionales de sueño.

Provehito in altum
Por: Juan Pablo Carsi